La Befana: la tradición italiana del 6 de enero

junio 15, 2026

Hay una figura que en Italia es tan esperada como el propio invierno: una viejita de nariz larga que vuela en escoba, entra por la chimenea y deja regalos o carbón en los calcetines colgados. No es Halloween. Es el 5 de enero por la noche, y ella se llama la Befana.

Quién es la Befana y de dónde viene

La Befana es uno de los personajes más entrañables del calendario festivo italiano. Su nombre viene de una deformación popular de Epifania, la fiesta cristiana del 6 de enero que conmemora la llegada de los Reyes Magos al pesebre. Con el tiempo, la celebración religiosa se fue mezclando con tradiciones paganas de invierno, y la figura de una anciana bondadosa —o temible, según te hayas portado— quedó en el centro de todo.

La leyenda más popular cuenta que los Reyes Magos, camino a Belén, pasaron por casa de una vieja y la invitaron a unirse. Ella declinó porque tenía demasiado trabajo. Después se arrepintió, salió con una cesta llena de regalos para encontrarlos, pero ya no los halló. Desde entonces recorre el mundo cada noche del 5 de enero dejando presentes a los niños, buscando, quizás, al Niño que nunca llegó a ver.

Una tradición que data de siglos

Las referencias escritas a la Befana aparecen desde la Edad Media, pero la figura se consolidó con fuerza durante el siglo XIX, cuando las tradiciones populares italianas empezaron a documentarse y celebrarse con más conciencia regional. En el norte, especialmente en Venecia y Lombardía, las hogueras del 6 de enero —llamadas foghère o pignarûl— se encendían para iluminar el camino de la Befana y también para leer en el humo y el fuego señales sobre cómo sería la cosecha del año.

En el centro y sur de Italia, la figura tomó matices distintos. En algunas zonas de Toscana era casi una diosa del tiempo; en otras partes del Lazio, una figura más oscura y protectora a la vez. Italia, siempre fiel a sí misma, nunca tuvo una sola Befana: tuvo muchas, una por cada campanario.

El carbón y los dulces: la economía moral de los calcetines

La lógica del regalo de la Befana es sencilla y bastante directa: los niños que se portaron bien reciben dulces, mandarinas, nueces y pequeños juguetes. Los que se portaron mal reciben carbone —carbón. Hoy ese carbón suele ser de azúcar, negro y crujiente, que se vende en las pastelerías italianas desde diciembre. Es, en el fondo, un carbón bastante amable.

Los dulces tradicionales varían por región. En Roma es casi obligatoria la befanini, una galleta especiada con anís. En el norte aparecen los carboni di zucchero y bolsitas con fruta seca. En Sicilia la tradición se mezcla con el gusto local por el mazapán y los dulces de almendra. No hay una sola receta, hay muchas mesas distintas celebrando lo mismo.

La Befana y el Día de Reyes: un puente italo-mexicano que no necesita forzarse

Quien creció en México sabe perfectamente lo que es esperar la noche del 5 de enero con una mezcla de emoción y nervios. Los Reyes Magos, los zapatos junto a la puerta, la rosca del día siguiente. La coincidencia de fechas con la tradición italiana no es accidental: ambas vienen del mismo punto de partida, la Epifanía cristiana, y cada cultura la fue moldeando con su propio carácter.

En México los protagonistas son tres reyes con nombres y camellos. En Italia es una sola viejita con escoba. Pero en los dos casos hay una noche de espera, una mañana de descubrimiento y, casi siempre, algo dulce sobre la mesa. Eso es lo que tienen en común las tradiciones: no los detalles, sino el gesto de detenerse, reunirse y celebrar juntos el inicio de algo.

La Befana hoy: fiesta, mercados y buen comer

En Italia el 6 de enero es día festivo nacional. Las ciudades organizan mercados, espectáculos callejeros y desfiles. En Roma, la Piazza Navona se convierte durante semanas en un mercado de temporada donde se venden dulces, juguetes y, claro, figuras de la Befana en todos los tamaños posibles. El día termina, como casi todo en Italia, alrededor de una mesa con la familia.

Que una fecha del calendario religioso haya sobrevivido siglos como celebración popular, con su propia gastronomía, sus propias canciones y sus propias discusiones sobre si el carbón de azúcar cuenta como regalo o como broma, dice mucho del carácter italiano: la capacidad de hacer de cualquier ocasión un motivo para comer bien y estar juntos.

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