En muchas cocinas italianas, junto al ajo trenzado y las hierbas colgadas, hay algo más discreto: un pequeño cuerno rojo, torcido y brillante. Se llama cornicello o corno portafortuna, y aunque parece un simple adorno, carga siglos de tradición popular ligada a la mesa y la abundancia.
El origen del cornicello se remonta a las culturas mediterráneas antiguas, mucho antes de que existiera Italia como la conocemos. Los cuernos de animales representaban fertilidad, protección y prosperidad, ideas que el sur de Italia —especialmente Nápoles— adoptó y transformó en amuleto cotidiano contra el malocchio, el mal de ojo.
No es casualidad que el cornicello aparezca cerca de la comida. Para muchas familias napolitanas, la abundancia en la mesa y la buena fortuna van de la mano: se cuelga cerca de la puerta o la cocina para que la casa nunca falte de qué comer ni de compañía para compartirlo.
Tradicionalmente es rojo, color asociado a la vitalidad y la protección en el folclore italiano. Los hay de coral, cerámica o plástico turístico, pero el gesto detrás es el mismo: cuidar lo que se comparte en casa.
En México también existen amuletos ligados a la protección del hogar y la mesa, del ojo de venado al herradura. No se trata de igualar tradiciones, sino de reconocer que, de un lado y otro del Atlántico, compartir alimento siempre ha ido acompañado de algo de fe y cariño.
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