En una mesa italiana hay reglas que nadie escribió pero todos respetan. Una de las más curiosas: jamás se brinda con agua. Se dice que hacerlo trae mala suerte, incluso la muerte de alguien cercano. Suena exagerado, pero la tradición tiene raíces profundas y una lógica que vale la pena conocer.
La creencia se remonta a la Antigua Grecia y Roma, donde el agua se asociaba con los rituales funerarios. Se ofrecían libaciones de agua a los muertos, nunca vino, que era símbolo de vida, alegría y abundancia. Brindar con agua, entonces, se leía como invocar sin querer el mundo de los difuntos en plena celebración.
Más allá de la superstición, el vino en Italia nunca fue solo bebida: es parte del lenguaje del encuentro. Un brindisi («hacia el bienestar») se hace mirando a los ojos, chocando copas con suavidad y nunca dejando a alguien fuera del gesto. Brindar con agua también se considera un desprecio silencioso hacia quien invita.
En Toscana y Piamonte, algunas familias extienden la regla a cualquier bebida sin alcohol durante un brindis formal. En el sur, especialmente en Sicilia y Nápoles, la superstición convive con otra: nunca cruzar los brazos al chocar copas, porque corta la buena fortuna del grupo.
En México no existe esta superstición, y no hace falta adoptarla al pie de la letra. Pero sí vale la pena tomar la idea de fondo: un brindis, con lo que sea, es una pausa para reconocer a quien tienes enfrente. Esa intención importa más que la copa.
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